Cuando intentas dar una lección y te sale el tiro por la culata

​2 de ​octubre de 2019

​​Bueno, en realidad, no estoy segura de si nos salió el tiro por la culata o si la cosa quedó en tablas.

Sucedió el pasado viernes.

​¿Qué sucedió?

​En casa, la hora de irse a dormir ​es complicada.


El peque puede estar agotado, puede llevar unas ojeras que arrastra por el suelo, pero nunca quiere irse a dormir.


Es como si pensara que, en cuanto se meta en la cama, el resto nos pondremos a celebrar una fiesta que él no quiere perderse.

Es increíble lo imaginativo que es para posponer el momento.


Desde encontrar cosas que hacer como ordenar juguetes, pasando por plantearnos preguntas existenciales tipo “¿por qué cuando vamos en coche el sol siempre nos sigue?”, hasta llegar a la estrategia más habitual: tirarse en el sofá y declarar que no quiere irse a la cama, como si nuestra petición fuera una gran injusticia.

El pasado viernes optó por la estrategia del sofá. Y Mr. H (el padre de la criatura) y yo tuvimos una gran idea:

“​Vamos a acabar de recoger la cocina, nos cambiamos y nos metemos en la cama antes de que el retoño se levante del sofá. Cuando le deseemos buenas noches, le pediremos que apague todas las luces.”

​Nosotros, los padres

​Nos reímos malvadamente, preguntándonos cómo reaccionaría nuestra víctima.

¿Qué pasó?

​Pues no le gustó.

Enfadado y con el ceño fruncido, se encerró en el baño de un portazo para lavarse los dientes, se puso el pijama y se metió en la cama.

Fuimos a verlo un par de veces porque, a pesar de todo, no nos gusta que se vaya a dormir cabreado. Pero estaba muy enfadado, así que lo dejamos solo.

Hasta aquí, quizá podríamos considerar que nuestro plan funcionó. Se puso el pijama y se metió en la cama sin tener que repetírselo treinta veces, ¡y a toda velocidad!

¡Muahahahahaha!

¡Qué listos somos!

​Y ahí estábamos, con nuestras lecturas nocturnas, cuando el mozo aparece en nuestra habitación, sin rastro de enfado, y nos pide dormir con nosotros.

“​Ay la leche, esa petición."

​Yo

​​Siempre que llega esa petición, yo tengo problemas para decir que no.


No nos lo pide demasiado a menudo, pero entiendo que lo haga.


Mr. H y yo dormimos juntos en la misma habitación y en la misma cama, ¿por qué el peque debería dormir solo? Para él somos una unidad familiar, ¿entonces por qué dormimos separados?

No voy a entrar a reflexionar sobre  el colecho, solo diré que es un tema en el que Mr. H y yo nunca nos hemos puesto de acuerdo.


Yo estoy a favor y él no tanto.


Pero, en uno de sus argumentos en contra tengo que darle la razón: nuestro querido hijo, cuando duerme, o bien parece una peonza o bien parece un boxeador. Digamos que eso dificulta nuestro descanso.

​Volviendo al viernes pasado...


​Cuando el peque nos dijo que quería dormir con nosotros, a mí me asaltaron las dudas.


Darle una lección para que se metiera rápido y sin ayuda en la cama no tenía nada que ver con dormir con nosotros, ¿no?


Además, él ya había tenido su dosis de aprendizaje nocturno con nuestra “broma” y su cabreo.

¿Verdad?

En fin, como no tenía una respuesta clara, le hice sitio en la cama para que se tumbara con nosotros.

Así pues, ¿tiro por la culata o tablas?

A las cuatro de la madrugada, el boxeador pudo conmigo y emigré a la cama que él había dejado vacía.

¿Tiro por la culata o tablas?

La noche siguiente, volvió a tirarse en el sofá porque no quería irse a la cama.


En cuanto su padre le dijo que si se cambiaba y metía rápido en la cama le diría cómo iba la clasificación de la liga de fútbol, se levantó felizmente y en menos de diez minutos estaba acostado.


​¿Lo dejamos en tablas?


​Lectura recomendada: 

El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza

​El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, de ​Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch (a poder ser en la versión pop-up), humor y anatomía caquil para lector@s a partir de 3 años.