La historia del vecino emocionado porque su hijo ya hace pie en la piscina

​26 de julio de 2019

​​Somos de los afortunados que vivimos en una comunidad con piscina. No estoy aquí para presumir de ello, sino para contar una anécdota que presencié hace unos días.

Era una tarde soleada de julio y mi hijo y yo habíamos bajado a intentar refrescarnos en el agua calentita de nuestra piscina comunitaria (es lo que tienen las piscinas pequeñas).


Al cabo de poco, llegaron un vecino con su hijo mayor, que yo calculo que debe de tener unos tres añitos. Se metieron en el agua y el padre dijo a su hijo:

—Rodolfo, a ver si ya haces pie en la zona menos profunda de la piscina.

No, el niño no se llama Rodolfo, pero por discreción no pondré su nombre real. ​

En fin, el caso es que probaron y se escuchó al padre decir emocionado:

—¡Madre mía! ¡El año pasado no tocabas y este año sí! ¡Cómo has crecido, Rodolfo!

Después, abrazó al niño y lo cubrió de besos. Y añadió:


“​​¡Madre mía, que mi Rodolfo se hace mayor! Oye, pero aunque te hagas mayor me seguirás queriendo, ¿verdad?”

​​Un vecino

​​Ah, qué frase.

Fue un momento tierno y gracioso a la vez, porque el padre se puso súper ñoño y creo que Rodolfo no entendía qué diantres le pasaba a su padre.

​Y yo...

​​Pues yo me sentí muy identificada, porque recuerdo que nosotros también nos emocionamos mucho el día que nuestro hijo hizo pie en la piscina por primera vez. “¡Ay, qué mayor es nuestro peque!”, decíamos.

​​Entonces pasan varias cosas...

1.

​Te das cuenta de que tienes la sensación de que eso pasó hace mucho tiempo, cuando en realidad no han pasado ni cuatro años.

2.

​Y ahora lo ves correr por la piscina lanzándose haciendo “bombas”, haciendo un montón de planchas mientras aprende a tirarse de cabeza, y recuerdas las primeras veces que lo metiste en la piscina, cuando era un bebé asustado del agua y tenías que llevarlo en brazos.

3.

​Y sientes nostalgia de todos esos primeros momentos que ya han pasado y no volverán, y puede que te avances y sientas nostalgia de esos primeros momentos que están por llegar pero que también pasarán para no volver.

​4.

​​Y entonces piensas, “¡Madre mía, tengo un hijo de SIETE años!”. Te cuesta comprender cómo ha podido pasar el tiempo tan rápido; cómo es posible que, en cuanto tienes hijos, el tiempo parezca volar.

​Con ellos hay días eternos, sí, pero a la vez pasa todo tan rápido que entiendo ese momento de debilidad de un padre que teme que su hijo pase de él porque se hace mayor… Porque claro, ahora que son pequeños, los padres somos su principal puntal en el mundo. Después, obviamente, harán su camino. Así es como es, y como debe ser, pero aunque lo sepamos la nostalgia resulta inevitable.

Así pues, a mi vecino le diría que puede estar tranquilo, que todavía le quedan unos cuantos años de primeros momentos. Eso sí, que los disfrute y aproveche, porque son años que pasarán a toda velocidad.


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