¿El sofá de tu casa también se siente abandonado?

​20 de ​agosto de 2019

​​En casa somos bastante sobones.

En el buen sentido, por Dios. Nos gusta mucho darnos abrazos, acariciarnos. Y, sobre todo, aprovechar que el peque todavía se deja dar besos para besuquear esos mofletes tan blanditos y suavecitos y agradables que te los quieres comer.

El caso es que no sé si esta costumbre del contacto ha provocado que, cada vez que nos sentamos a ver una película o una serie, pase lo siguiente:


1.

​El retoño y yo decidimos ver una película, por ejemplo. Para ello, nos acomodamos en el sofá. Yo ya tengo mi lado y posición de visionado asignados, así que él se sitúa en el otro extremo. 

2.

​Empezamos a ver la película o serie. 

3.

​Sucede algo divertido o emocionante en la película, que provoca que el mozo se ría y/o se mueva un poco. El caso es que, cuando vuelve a sentarse, entra en contacto con mis pies (porque yo siempre me siento con los pies encima del sofá, tirando a estar medio tumbada).

​4.

​​Vuelve a suceder algo divertido o emocionante, y el muchacho vuelve a ponerse en movimiento. Cuando vuelve a sentarse, no sé cómo lo hace, pero consigue sentarse a mi lado. Y, si no lo consigue, pues se aposenta encima de mis piernas. 

​5.

​​De nuevo, vuelve a suceder algo divertido o emocionante y, aprovechando el movimiento, el chaval acaba literalmente tumbado encima mío. SIEMPRE. Así es como acabamos viendo la tele en esta casa, apiladitos unos encima de los otros.

​Esta foto es del 13 de julio, mientras veíamos Hotel Transylvania 3​​​, y por eso pienso que hay una parte de nuestro sofá que debe de sentirse desaprovechada. La pobre se ve tan vacía…

El sofá de nuestra casa se siente abandonado

​​Si somos los tres los que nos sentamos a ver la tele, pues el peque acaba tumbado encima de uno de los dos, y una parte del sofá sigue quedando vacía.

¿A vosotros también os pasa?

​Mis reflexiones sobre el tema


​Es cierto que hay días que esos más de veinte quilos se hacen un poco pesados, o si te duele la tripa te puede hacer polvo, o si hace calor es como si te hubieran puesto una manta eléctrica encima. Pero confieso que, en general, que trepe así por encima mío me resulta gracioso y me gusta. Es agradable, me sienta bien y siento que me quiere.

Y, aunque me pregunte si esta necesidad de contacto se la hemos traspasado nosotros, me inclino por pensar que, en general, todos somos así.

Para mí lo demuestran esos niños y niñas que no son tus hijos ni tus sobrinos pero que, en cuanto te conocen un poco, buscan que los abraces a menudo.

Así que, como dijo el pediatra Carlos González, besemos mucho a nuestros hij@s. Les resultará agradable, les sentará bien y se sentirán queridos. Y si se nos echan encima, si nos abrazan un montón, si quieren darnos muchos besos, yo digo que lo disfrutemos. Que cuando pesen lo mismo que nosotros, eso de que se nos echen encima será poco habitual (y puede que algo sofocante, je je).


PD: El 13 de julio acabamos bailando La Macarena varias veces... Si no sabes a qué me refiero, tendrás que ver Hotel Transylvania 3. 


​Lectura recomendada: 

Bésame mucho, de Carlos González

​Bésame mucho​, de ​Carlos González, ​un libro sobre crianza para padres y madres novatos y no tan novatos .