Trabajar en casa en verano

​9 de septiembre​ de 2019

​Trabajar en casa tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero trabajar en casa el mes de agosto, cuando el hijo ​está de vacaciones, es... complicado.


​Bueno, si soy sincera del todo, la palabra para definirlo es “agobiante”, y el GIF que lo representa es este:


​Y este: 

​Oh, y este otro: 

​El motivo de esta dificultad veraniega es que explica y consigue tú que un niño pequeño comprenda que, aunque su madre esté en casa, es como si no lo estuviera. Que la puerta del despacho está cerrada por algo y no puede ni abrirla, ni entrar, ni interactuar con la señora que está sentada ante el ordenador.


Obviamente, con el paso del tiempo, la situación ha mejorado: 

1.

​De bebé y con unos tres años la única solución era que me fuera a otro lado a trabajar o que el marido u otro familiar se llevara al niño a otra parte, bien lejos de casa.

2.

​Alrededor de los cuatro años, empezó a comprender que esa puerta cerrada no se podía abrir. Unas veces lograba contenerse y otras... pues no.


Recuerdo un día en el que estaba escribiendo una escena especialmente intensa de una comedia romántica (era ese momento en el que la pareja protagonista discute, o pasa algo malo, y parece que nunca podrán estar juntos y todos lloramos de pena), y tenía al peque en el despacho pintando dibujos de la Patrulla Canina, cantando y contándome su vida. La ambientación perfecta para la escena que tenía entre manos, tú.

3.

​Este verano, el séptimo de su vida, las cosas han ido mejor.

​Pero toda comprensión/paciencia tiene un límite...

​Los primeros días de agosto en los que ya estábamos en casa, con el niño y el marido de vacaciones y yo trabajando, todo fue bien.


​Sin embargo, a medida que pasaban los días, y aunque el marido procuraba sacarlo de casa, el mozo ya no lo veía tan claro.


Por las mañanas le costaba más acceder a que yo me encerrara en el despacho. Y, finalmente, los últimos días, directamente se sentaba en mi silla para que yo no pudiera ponerme a trabajar.


¡Y empezó a decirme que yo solo duermo, como y trabajo! !¿Te lo puedes creer?!


"¿Y con quién aprendiste a ir en bici este verano? ¿Con quién has leído varios libros? ¿Con quién te has ido de camping? ¿Quién te llevó a ver Padre no hay más que uno?", quería gritarle yo.


​En fin, que su nivel de incomprensión era directamente proporcional a mi sentimiento de culpa como madre supuestamente ausente. Sí sí, ya sé que hay que desprenderse de la culpa, pero en esta situación cuesta un pelín, la verdad. 


​Pero yo entiendo al peque, sé que no es una situación de fácil comprensión para él. Así que, de la misma manera que le pedimos que haga este esfuerzo, yo también me esfuerzo para tomármelo con paciencia y filosofía. 


Aún así: ​

​Una confesión:

​El día que empiece el cole (solo faltan tres), en parte me sentiré así: 


​Lectura recomendada: 

Agus y los monstruos. ¡Llega el sr. Flat!

​Agus y los monstruos. ¡Llega el sr. Flat!, de ​Jaume Copons y Liliana Fortuny, ​fantasía y aventuras con mucha literatura ​para lector@s a partir de 6 o 7 años.